
Un día, trasteando con unos guardias civiles de Peter Pig sobrantes de un ejército de la Guerra Civil, se me ocurrió hacer un diorama. Me puse a buscar en la caja de restos algo que me pudiera servir para elaborarlo, y me encontré con un pequeño coche que llevaba dando vueltas por casa años… Era un cochecito negro, de plástico, que me había tocado en un huevo kínder cuando tenía unos 3 años y que, cosas de la vida, había sobrevivido durante años hasta acabar en la caja de restos y, 19 años después, le iba a acabar dando un uso… ¡cosas del destino!

Así que tras hacer dos conversiones a las figuras (una de ellas ponerle el brazo hacia arriba a un Guardia Civil para que diera el alto al coche, repinté el pequeño cochecito, lo abrí para añadirle un conductor y, en un par de horitas había hecho un pequeño diorama en homenaje a estos hombrecitos de verde a los que les encanta quitarnos puntos del carnet.
